Rendimos viaje a Zamora y Toro con éxito, como es normal en las excursiones organizadas por AO-2000.
El recorrido por Zamora comenzó por su casco antiguo que está declarado monumento histórico-artístico, el recinto amurallado, la catedral románica y las iglesias del mismo estilo que nos dio tiempo a ver, que en esta ciudad son numerosas y bien conservadas. No voy a entrar en detalles, pero mereció la pena.
A todo esto, no le voy a quitar el mérito a nuestra guía, Clara Sportoletti. Una señora italiana afincada en Zamora desde hace quince años y licenciada en Historia del Arte. A sus amplios conocimientos hay que añadir sus amenas explicaciones, sin concesiones a la anécdota fácil, y su
encantadora manera de atender las dudas y preguntas que se plantearon. Así no es extraño que todos siguiéramos atentos a sus enseñanzas, sin gente que se escaquee del grupo, como sucede a menudo.
Después de reponer fuerzas con una estupenda comida, y como cada vez organizamos mejor las excursiones, tiempo libre que cada uno utiliza a su gusto. Unos hacen un ratito de siesta, otros aprovechan para ver museos y la mayoría a comprar productos típicos de la tierra, teniendo que reconocer que en este apartado, el triunfo es para la “reina” Isabel, aunque mejor será que corramos un “estúpido” velo, pues hay otros y otras que no van a la zaga.
A destacar la limpieza de sus calles.Y cómo no, se me vino a la cabeza el recuerdo de la suciedad de nuestro querido barrio. ¿Es que los que vivimos aquí somos más inciviles que los zamoranos? ¿O bien nuestras autoridades se preocupan menos por la limpieza urbana?. Hubo también comentarios sobre la inexistencia de inmigrantes en Zamora. Todo ello en plan laudatorio para la ciudad. Lo siento, pero en esto tengo que discrepar. Más bien es una señal de estancamiento, porque las zonas de España que han progresado han necesitado el concurso de mano de obra extranjera para su desarrollo. Y si no es así, que alguien me dé razones que demuestren lo contrario.
Desplazamiento a Toro y lo primero que vemos es el mirador sobre el río Duero, precioso. Otra vez hay que destacar la lección de historia que nos da Clara, explicándonos los enfrentamientos de los distintos sectores de la nobleza castellana que supusieron la consolidación de Isabel la
Católica en el trono de Castilla. Visita a la Colegiata de Santa María la Mayor, San Lorenzo el Real, el antiguo convento de San Salvador y la Casa Consistorial.
Pero Toro tiene además otro tipo de catedrales, las del vino. Cómo iba a faltar la visita a una bodega en esta región vinícola. En la Estancia Piedra nos dieron una lección de enología, degustamos sus exquisitos caldos y cada uno cargó según sus deseos o su afición con algunas botellas para disfrutarlas en casa en compañía de familiares o amigos.
Por la tarde regreso a Madrid, acompañados de una bendita lluvia que buena falta hace que riegue nuestros campos. Todos felices y contentos, con los sentidos satisfechos y esperando a la próxima excursión que, si no me falla la memoria y no hay cambios de última hora, se hará los días 18, 19 y 20 de abril a Navarra. No está nada mal.
CIUDAD |